ADOPTADO. Callejero

Mi familia
No es mi familia
Ustedes son
Que me escuchan
Gracias por estar sentados
O parados
Verdaderamente da igual
Ustedes son mi familia
Que me abraza
Y me da quebrada cuando
La calle es muy fría
Y me abrazan cuando
Estoy por rendirme en llanto
Cuando
La calle es muy fría
Y llego a un sitio donde alguno de ustedes está
Ustedes son mi familia
Los que yo escogí
Y escojo constantemente
Mi familia
Son ustedes
Y las calles a las que salgo para distraerme
Y sentir como que a alguien le importo
Para alguien debo ser solo
Un imbécil que escribe notas
En su celular
Pero para algún otro
Debo ser como un mueble de su hogar-jungla de concreto
Mi familia
Son firmes
Y cálidas
Hacen sonido a mi corazón
Golpeando una estructura adentro de otra de
Madera
Y me calma
Mi familia son las cuerdas y
Esos algodoncitos que tiene
Son las 7 octavas o cuántas tenga ese
Mi familia son
Todos esos que me dejan abrazarlos
Y cantar al borde del desplome
Como un mantra
(De mis labios)
Los libros películas y series
Las pinturas videos y gente bailando
Mi familia
Son los peatones que me ven raro cuando
–No es que esté muy feliz, solo me dan ganas de bailar muy denso–
Son
Los animales dentro del cucsh belenes que buscan refugio y acariciadas son
Las cobijas que me cubren de afuera
Las pastillas que ya se me acabaron
La chela para apaciguar
El gallo
Cuando ando erizo fumo cigarro
Mi familia es
La cabeza ligera que siento
Y asco
Me dan ganas de tomar agua y wakariar

El huésped. AMPARO DÁVILA

Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje.

Llevábamos entonces cerca de tres años de matrimonio, teníamos dos niños y yo no era feliz. Representaba para mi marido algo así como un mueble, que se acostumbra uno a ver en determinado sitio, pero que no causa la menor impresión. Vivíamos en un pueblo pequeño, incomunicado y distante de la ciudad. Un pueblo casi muerto o a punto de desaparecer.

No pude reprimir un grito de horror, cuando lo vi por primera vez. Era lúgubre, siniestro. Con grandes ojos amarillentos, casi redondos y sin parpadeo, que parecían penetrar a través de las cosas y de las personas.

Mi vida desdichada se convirtió en un infierno. La misma noche de su llegada supliqué a mi marido que no me condenara a la tortura de su compañía. No podía resistirlo; me inspiraba desconfianza y horror. “Es completamente inofensivo” —dijo mi marido mirándome con marcada indiferencia. “Te acostumbrarás a su compañía y, si no lo consigues…” No hubo manera de convencerlo de que se lo llevara. Se quedó en nuestra casa.

No fui la única en sufrir con su presencia. Todos los de la casa —mis niños, la mujer que me ayudaba en los quehaceres, su hijito— sentíamos pavor de él. Sólo mi marido gozaba teniéndolo allí.

Desde el primer día mi marido le asignó el cuarto de la esquina. Era ésta una pieza grande, pero húmeda y oscura. Por esos inconvenientes yo nunca la ocupaba. Sin embargo él pareció sentirse contento con la habita­ción. Como era bastante oscura, se acomodaba a sus necesidades. Dormía hasta el oscurecer y nunca supe a qué hora se acostaba.

Perdí la poca paz de que gozaba en la casona. Durante el día, todo marchaba con aparente normalidad. Yo me levantaba siempre muy temprano, vestía a los niños que ya estaban despiertos, les daba el desayuno y los entretenía mientras Guadalupe arreglaba la casa y salía a comprar el mandado.

La casa era muy grande, con un jardín en el centro y los cuartos distribuidos a su alrededor. Entre las piezas y el jardín había corredores que protegían las habitaciones del rigor de las lluvias y del viento que eran frecuentes. Tener arreglada una casa tan grande y cuidado el jardín, mi diaria ocupación de la mañana, era tarea dura. Pero yo amaba mi jardín. Los corredores estaban cubiertos por enredaderas que floreaban casi todo el año. Recuerdo cuánto me gustaba, por las tardes, sentarme en uno de aquellos corredores a coser la ropa de los niños, entre el perfume de las madreselvas y de las buganvilias.

En el jardín cultivaba crisantemos, pensamientos, violetas de los Alpes, begonias y heliotropos. Mientras yo regaba las plantas, los niños se entretenían buscando gusanos entre las hojas. A veces pasaban horas, callados y muy atentos, tratando de coger las gotas de agua que se escapaban de la vieja manguera.

Yo no podía dejar de mirar, de vez en cuando, hacia el cuarto de la esquina. Aunque pasaba todo el día dur­miendo no podía confiarme. Hubo veces que, cuando estaba preparando la comida, veía de pronto su sombra proyectándose sobre la estufa de leña. Lo sentía detrás de mí… yo arrojaba al suelo lo que tenía en las manos y salía de la cocina corriendo y gritando como una loca. Él volvía nuevamente a su cuarto, como si nada hubiera pasado.

Creo que ignoraba por completo a Guadalupe, nunca se acercaba a ella ni la perseguía. No así a los niños y a mí. A ellos los odiaba y a mí me acechaba siempre.

Cuando salía de su cuarto comenzaba la más terrible pesadilla que alguien pueda vivir. Se situaba siempre en un pequeño cenador, enfrente de la puerta de mi cuarto. Yo no salía más. Algunas veces, pensando que aún dormía, yo iba hacia la cocina por la merienda de los niños, de pronto lo descubría en algún oscuro rincón del corredor, bajo las enredaderas. “¡Allí está ya, Guadalupe!”, gritaba desesperada.

Guadalupe y yo nunca lo nombrábamos, nos parecía que al hacerlo cobraba realidad aquel ser tenebroso. Siempre decíamos: —allí está, ya salió, está durmiendo, él, él, él…

Solamente hacía dos comidas, una cuando se levantaba al anochecer y otra, tal vez, en la madrugada antes de acostarse. Guadalupe era la encargada de llevarle la bandeja, puedo asegurar que la arrojaba dentro del cuarto pues la pobre mujer sufría el mismo terror que yo. Toda su alimentación se reducía a carne, no probaba nada más.

Cuando los niños se dormían, Guadalupe me llevaba la cena al cuarto. Yo no podía dejarlos solos, sabiendo que se había levantado o estaba por hacerlo. Una vez terminadas sus tareas, Guadalupe se iba con su pequeño a dormir y yo me quedaba sola, contemplando el sueño de mis hijos. Como la puerta de mi cuarto quedaba siempre abierta, no me atrevía a acostarme, temiendo que en cualquier momento pudiera entrar y atacarnos. Y no era posible cerrarla; mi marido llegaba siempre tarde y al no encontrarla abierta habría pensado… Y llegaba bien tarde. Que tenía mucho trabajo, dijo alguna vez. Pienso que otras cosas también lo entretenían…

Una noche estuve despierta hasta cerca de las dos de la mañana, oyéndolo afuera… Cuando desperté, lo vi junto a mi cama, mirándome con su mirada fija, penetrante… Salté de la cama y le arrojé la lámpara de gasolina que dejaba encendida toda la noche. No había luz eléctrica en aquel pueblo y no hubiera soportado quedarme a oscuras, sabiendo que en cualquier momento… Él se libró del golpe y salió de la pieza. La lámpara se estrelló en el piso de ladrillo y la gasolina se inflamó rápidamente. De no haber sido por Guadalupe que acudió a mis gritos, habría ardido toda la casa.

Mi marido no tenía tiempo para escucharme ni le importaba lo que sucediera en la casa. Sólo hablábamos lo indispensable. Entre nosotros, desde hacía tiempo el afecto y las palabras se habían agotado.

Vuelvo a sentirme enferma cuando recuerdo… Gua­dalupe había salido a la compra y dejó al pequeño Martín dormido en un cajón donde lo acostaba durante el día. Fui a verlo varias veces, dormía tranquilo. Era cerca del mediodía. Estaba peinando a mis niños cuando oí el llanto del pequeño mezclado con extraños gritos. Cuando llegué al cuarto lo encontré golpeando cruelmente al niño. Aún no sabría explicar cómo le quité al pequeño y cómo me lancé contra él con una tranca que encontré a la mano, y lo ataqué con toda la furia contenida por tanto tiempo. No sé si llegué a causarle mucho daño, pues caí sin sentido. Cuando Guadalupe volvió del mandado, me encontró desmayada y a su pequeño lleno de golpes y de araños que sangraban. El dolor y el coraje que sintió fueron terribles. Afortunadamente el niño no murió y se recuperó pronto.

Temí que Guadalupe se fuera y me dejara sola. Si no lo hizo, fue porque era una mujer noble y valiente que sentía gran afecto por los niños y por mí. Pero ese día nació en ella un odio que clamaba venganza.

Cuando conté lo que había pasado a mi marido, le exigí que se lo llevara, alegando que podía matar a nuestros niños como trató de hacerlo con el pequeño Martín. “Cada día estás más histérica, es realmente doloroso y deprimente contemplarte así… te he explicado mil veces que es un ser inofensivo.”

Pensé entonces en huir de aquella casa, de mi marido, de él… Pero no tenía dinero y los medios de comunicación eran difíciles. Sin amigos ni parientes a quienes recurrir, me sentía tan sola como un huérfano.

Mis niños estaban atemorizados, ya no querían jugar en el jardín y no se separaban de mi lado. Cuando Guadalupe salía al mercado, me encerraba con ellos en mi cuarto.

—Esta situación no puede continuar —le dije un día a Guadalupe.

—Tendremos que hacer algo y pronto —me contestó.

—¿Pero qué podemos hacer las dos solas?

—Solas, es verdad, pero con un odio…

Sus ojos tenían un brillo extraño. Sentí miedo y alegría.

La oportunidad llegó cuando menos la esperábamos. Mi marido partió para la ciudad a arreglar unos negocios. Tardaría en regresar, según me dijo, unos veinte días.

No sé si él se enteró de que mi marido se había mar­chado, pero ese día despertó antes de lo acostumbrado y se situó frente a mi cuarto. Guadalupe y su niño dur­mieron en mi cuarto y por primera vez pude cerrar la puerta.

Guadalupe y yo pasamos casi toda la noche haciendo planes. Los niños dormían tranquilamente. De cuando en cuando oíamos que llegaba hasta la puerta del cuarto y la golpeaba con furia…

Al día siguiente dimos de desayunar a los tres niños y, para estar tranquilas y que no nos estorbaran en nuestros planes, los encerramos en mi cuarto. Guadalupe y yo teníamos muchas cosas por hacer y tanta prisa en realizarlas que no podíamos perder tiempo ni en comer.

Guadalupe cortó varias tablas, grandes y resistentes, mientras yo buscaba martillo y clavos. Cuando todo estuvo listo, llegamos sin hacer ruido hasta el cuarto de la esquina. Las hojas de la puerta estaban entornadas. Conteniendo la respiración, bajamos los pasadores, después cerramos la puerta con llave y comenzamos a clavar las tablas hasta clausurarla totalmente. Mientras trabajábamos, gruesas gotas de sudor nos corrían por la frente. No hizo entonces ruido, parecía que estaba durmiendo profundamente. Cuando todo estuvo terminado, Guadalupe y yo nos abrazamos llorando.

Los días que siguieron fueron espantosos. Vivió mu­chos días sin aire, sin luz, sin alimento… Al principio golpeaba la puerta, tirándose contra ella, gritaba deses­perado, arañaba… Ni Guadalupe ni yo podíamos comer ni dormir, ¡eran terribles los gritos…! A veces pensábamos que mi marido regresaría antes de que hubiera muerto. ¡Si lo encontrara así…! Su resistencia fue mucha, creo que vivió cerca de dos semanas…

Un día ya no se oyó ningún ruido. Ni un lamento… Sin embargo, esperamos dos días más, antes de abrir el cuarto.

Cuando mi marido regresó, lo recibimos con la noticia de su muerte repentina y desconcertante.

INSTITUTO

«Soy una imagen de piedra,
Sícilo pone en mí,
donde soy, por siempre,
señal de eterno recuerdo.

Mientras vivas, brilla,
no temas nada en absoluto.
Que la vida dura poco,
y el tiempo exige el final.»

—Epitafio de Sícilo

Así como la institución hegemónica eventualmente accedió a darle un lugar en las academias a lo callejero (skateboarding, breakdance en los olímpicos de París 2024, BREAK in School en Guadalajara, Hip-hop Inteligente dando licenciatura en baile urbano en CDMX, etc.) así espero de manera ilusa pero ilustre se valide mi expresión, la creación de proyectos literarios de una manera disidente dentro y fuera del aula.

Porque podría argumentar horas y horas, líneas y líneas sobre la agenda «creativa» capitalista, americana, en la que solo sirves si ‘creas’, y ser creativo lo es todo para poder venderte y tener un peso en la sociedad. Porque cada que hago algo, verdaderamente lo creo, creo, es del corazón.

Porque es cierto que pertenezco a este país, institución y mundo. Yo nací aquí y aquí habito. Esta es mi tierra y lengua que carga mi paladar. Mi historia es igual de valida aunque NO IGUAL que la de todos. Todos hemos de ser diferentes con nuestras propias limitaciones y pre-concepciones que anteceden nuestro afán de justificarlo siempre todo.
Pero hay que ser congruentes y de ser posible mostrarlo dada nuestra retro-recursividad (como lo llamó Anna Castel en su Taller). Siempre he sido este muchachito abyecto pero cada vez puedo nombrar mejor qué lo ha generado y exacerbado, qué provoca las crisis, y qué puedo hacer y quiero de todo esto. No vine a formarme en una fila y pedir un documento en control escolar. Ni a muchas clases,  definitivamente no vine a muchas clases. Como he dicho me he des,trans,in,de, formado en estas aulas y me interesa poder seguir mi camino creando todo lo que he hecho estos últimos semestres. Me interesa su aprobación para cambiar de rama en otra

16min      5.21

Metricas de desmpeño 5.42
NPS net promoting score

8.30 Assisted Pulse – False Persona

9.15 ahí déjala con esa me gusta emborracharme a mí
Jjaaj ay cabrón
Ahí va el pinche avión ¿ves?

Creo con lo suficiente de medios digitales, comunicación, performance, danza y arte puedo terminar de formar mis proyectos en cosas todavía más poderosas y cimentadas.  He aprendido lo suficiente de esta rama para crear esto y lo defiendo con mi sangre y las máscaras arriba de ella. Mis músculos se han cansado ya de fallar tanto pero soy un fallo del sistema buenísimo. Confío con su apoyo puedo crecer como el árbol más hermoso hasta el cielo y acariciar las nubes. Abrir mis alas y alejarme de todo miedo a caer. A permanecer en el polvo de lenguaje e intolerancia.

Sobre memes (y mames)

Claro que en esencia @memesdeunonvrefun4DO (@memesrecios) es un archivo para mis reflexiones memeras sobre la existencia pero me gustaría utilizar el espacio para llenar de mis memes favoritos con o sin relación y links a mis escritos al respecto.

¿Qué es un meme y por qué significa tanto para mí?

Bueno los memes los conocí relativamente joven. El concepto. Probablemente lo primero que puedo pensar en es el video de Edgar de Cae, El canaca, El ferras, Dios Eolo, El señor de la combi, pero claro que he ido inmiscuyéndome en la teoría. Richard Dawkins planteó el concepto en su libro The selfish gene en los 80s y desde entonces ha sufrido, como era de esperarse siendo algo tan creativo, mutaciones.

Los memes digitales son estos a los que me refiero. Los memes como esencia son cualquier situación relativa a la vida humana que existen en nuestro inconsciente colectivo. La historia de Jesús de Nazaret es un meme y puede ser dividido por pequeñas fracciones de su historia, aquí unos ejemplos:

Los memes han sido parte crucial de mi formación. Los utilizo para darle contexto a mi realidad. Para entender bien dónde estoy parado. De qué me río por profano y de qué por cínico.

Just for Hits. RICHARD DAWKINS

Richard Dawkins tocando la flauta al final de su explicación sobre la mutación creativa que aconteció el fenómeno cultural estudiado en El gen egoísta «MEME» es lo que no tiene precio.

Sobre memes (y mames)

Bueno los memes los conocí relativamente joven. El concepto. Probablemente lo primero que puedo pensar en es el video de Edgar de Cae, El canaca, El ferras, Dios Eolo, El señor de la combi, pero claro que he ido inmiscuyéndome en la teoría.

Me verguiaron

Lo lograron. Finalmente lo rompieron. Finalmente ganaron. Destrozaron a alguien. Alguien que siempre estaba feliz, que siempre estaba sonriendo. Alguien que no merecía el odio. Alguien que no hacia nada más que ayudar a las personas. Alguien que amó con todo su corazón.

Real Onda(under) Me mística.

Los detectives salvajes, la Literatura de la Onda de la que José Agustín y Parmenides García Saldaña eran parte, así como la Memética como lo plantea Richard Dawkins en su libro El gen egoísta. Influenciada de igual forma por el existencialismo de Hesse de Dostoievsky, el periodismo Gonzo.

Tecnofobia/neoludismo cotidiano. Mematrix

Cuando lo encontré y llegué a la salida sudaba del estrés durísimo, o quizás de correr por todos los estacionamiento de galerías, estaba seguro era el tercer piso, recordaba estaba muy lleno como en esos días de tráfico cabrón que parece no cabe un alma en la calle, y sin embargo estoy seguro no hay…

RECAÍDA A LOS SÍNTOMAS DE LA ERA DIGITAL

Nunca nos habíamos burlado tan profanos del paso del tiempo. A cada rato en nuestro celular ya vimos otra historia que hace un chiste demasiado rápido. Pasamos una historia como si nada importase. Luego una historia de algo horrible y la pasamos más rápida para no verla, un perrito asesinado brutalmente, una mujer apedreada del…

Cap.5: Nahui Ollin. Movimiento constante.

(más allá de alguna moralidad) Quiero reposar los músculos de los dedos y las circunvoluciones de un cerebro evidentemente perturbado. Perdonen el muchísimo texto que mejor puse en pdf para explayarme sin sentir los ahogo con tanto texto y ni un dibujito. Click acá abajo. Gracias por leerme, tu crítica, comentario y si, lo deseas…

Cap.4: El inicio y el final. CANCELADO (funado).

De la censura no obtendremos nada, nos acercaremos más a una dictadura, y no quiero «arte» culero, no quiero más amiguismos de politiquillos mecos, no quiero silencio por callar, no señor.

Encontrarse

Se siente extraño no escuchar un mensaje, o peor aún, no poder ansiosamente cada ciertos minutos tomar una parte de mí mismo, a veces la parte que más me gusta de mí, y reconocerme a través de los stickers que mando y me mandan, de los memes que comparto para toda la gente y que…

¡Sigue nuestras cuentas!

La Tumba. JOSÉ AGUSTÍN (extracto)

Encendí la luz. Con tristeza advertí

que era falsa, como todo. Hubiera

preferido una vela, hasta me sentí

pirómano. O que fuese de día. Durante

esos momentos odié la electricidad con

todas mis fuerzas. Apagué la luz para

encenderla al instante. Tras sacar mi

cuaderno, empecé a leer el último

capítulo escrito de mi novela.

Me verguiaron

[Clickbait]

Nuestros defectos nos hace perfectos.

Dañado, disidente, decadente, dulce, diferente, delincuente, doloroso, drogadicto, deformado, distinto, defectuoso, descargado, daga, disfrazado, didáctico, divertido, drástico, domesticado, dual, dominante, débil.

Sui géneris, suicida, sincero, sugestivo, sucedáneo, salvaje, sensible, sentido, sonso, salado, safado, sutil, sofisticado, sencillo, somnoliento, socavador, sagaz

Vital, verídico, valiente, volátil visionario, vicioso, valeverga, ventajoso, vago

En el cuarto distraído con alguno de los aparatos de repente escuché gritos desde la calle.

Mi mente me calmó cuando recordé el sonido que generan los muchachos de primaria o secundaria en el receso o en educación física jugando en las canchas. Gritos de muchachas y muchachos pero no había la risa que suele caracterizarlos. Pensé en la preparatoria, en las planillas y las ‘semanas culturales’ que más bien siempre me han parecido como un pretexto perfecto para dejar a los morros echar desmadre.

Algo en el ruido me levantó suficiente para asomarme por la ventana. En algún momento escuché o aluciné una sirena a lo lejos, probablemente atorada por el tráfico del centro de esta gran ciudad, que es más bien una zona metropolitana.

De la esquina, personas apresuraban su paso y volteaban la mirada esperando no quedar atrapadas en el drama sin embargo sabérselo todito entero. Más tarde me percaté no era el único metiche desde algún sitio buscando el lugar exacto y en concreto ser testigos del hecho.

El sonido se disipaba cuando vi a un hombre de unos 30-y-tantos dar vuelta en la esquina del percance con un palo mayugado de punta doblada haciendo una especie de hoz. Soltó de su mano sangrante la evidencia del conflicto. Al rato salió una señora y llamó posiblemente a la policía.

Cuatro o cinco moto-ratones no tardaron en hacer presencia hacia la dirección que tomó el tipo ese. Ahí quedó el arma que pensé examinar. Las actividades de mi día, o el feed de las redes sociales terminó haciéndome indiferente ante el chisme completo y los posibles restos de sangre en una barilla que ahora más que arma era basura. Como todo en esta ciudad. Como todo en el mundo de producción y desecho, de uso y consumo, de humo y abuso.

Poesía urb4na

El electro está muriendo y nadie lo escucha
Se degrada día a día el baile urbano y la calle
La música se vuelve cada vez algo más pasajero
Un tonito repetitivo que te ayuda a emular a los demás en su simulación sin sentido
Toma sentido
Por favor respira
Entiende que no estás aquí por mera inercia
Que no estás aquí para pagar los platos rotos de la humanidad maldita
Para inocentemente irte a la playa con un par de idiotas
Tu vida está por acabarse,
Cada segundo.
Qué culpa puede tener realmente,
—dice Crack,
El baile,
Culpable el cuerpo que como imbécil se rinde.
No te rindas
Por favor respira
Entiende que respirar no entra más
dentro de la dicotomía del llorar-vivir;
Ya no eres un infante,
Es hora de que pienses,
Es hora de que despiertes de esta letárgica existencia.
Hoy es lunes,
Mañana es lunes,
Todos los días son viernes,
Hoy es fiesta,
Despierta.
Diario es fiesta y diario es lunes
Los viernes me oprimen el pecho porque han de acabar
Porque han de convertirse en sábados y ellos en domingos
Porque hay mucha tristeza en la palabra martes
Y sin embargo muy poca fuerza en aquel día
Le pido recuerde y todos los días sonría
Y guarde de silencio, un minuto o dos
Por este dolor,
Le pido salga de sus casillas
De sus marcas conceptuales que imponemos y perpetuamos día con día
Ahora sí esa poesía tiene un poco de-
Ahora sí le puedo decir a esa mamada poesía.
Y decirle a lo demás
Alguna otra cosa

Insomne sonámbulo

A veces cuando escribo pienso
Que uno no siempre dice lo que piensa
Mucho menos lo escribe.

A veces cuando escribe uno solo sigue la inercia de la siguiente letra y luego palabra;
punto y coma

Respire
Piense y exprese
Digiera todo esto como la comida del día
Que le ha causado acidez y retortijones
Cada vez más procesada
Ultra procesos y escaso nutriente
Más producto y menos vitamina
Más resolución y conexiones con todo el mundo
Y sin embargo más distantes de todos y cada uno
Hacinados pero en islas desiertas con paupérrima densidad demográfica de solo un habitante
¿Alguien despierto?

Adivi_a

—Oye jóven, ¿qué edad tienes?
La miré un poco confundido pero amablemente contesté:
—Veinticinco.— generalmente esas afirmaciones van precedidas o seguidas o por un, «¿Por qué? ¿De cuántos me veo?» pero rapidamente miró a su compañera, la que me había estado cobrando todas las sesiones previas. La compañera la estaba esperando con una sonrisa santurrona.
—¿Ves?
— Es que habíamos hablado de eso.
—¿Apostaron?— luego reí. Al momento la preguntona añadió:
—Y yo había dicho que 19 años,… pero luego lo cambié a 23.
Es difícil conocer a alguien realmente sin verle más de la mitad de la cara. Con una gorra y un cubrebocas solo podían reconocer mis ojos pequeños y algunos pedazos de mi cuerpo tatuados o perforados. Pensé justificarlas pero me pareció innecesario la conversación. Pudieron haberlo especulado por muchas razones, a sus ojos yo era un sujeto a premisas interesantes mientras ellas solo eran trabajadoras curiosas de algunos cuarenta años si tuviera que adivinar. Probablemente sus días no eran más interesantes que eso. Al salir la que le atinó, o se le acercó más, tenía mi nombre ya escrito en su memoria. Me lo preguntó para confirmarlo antes de escribirlo en el recibo de paga, inmediatamente después de darme una sonrisa amistosa, una sonrisa como esas que das porque te sientes más próximo a una persona, porque compartes más de dos o tres palabras y descubres algo de ellos que consideras, burdamente, relevante.