Desperté sin sueño y un poco encandilado, con el estómago vacío y la sensación de que llevaba demasiados días seguidos pisteando de una forma desmedida
Cuando subí al carro el olor a mota era penetrante, para un consumidor obsesivo fue reconfortante. Rastros de pasto verde y algunos motes del polvo blanco de la otra noche.
Mi estómago rugió. Como ese león que ha estado mucho tiempo cautivo en un pequeño circo, haciendo la función de los que tienen para pagar unos tontos pesos y suficiente poco corazón para disfrutar ver un animal domado.
La estática del radio me reventaba pero pegado al celular no podía pensar en una canción particular para recitar en mi mente, para consolarme de mi mísera existencia.
El ciclo en que todo se repite.
Todos los días son jueves cuando tengo suerte.
A veces siempre son domingos.
Desolados y aburridos domingos.
@ se fue de sabático, cariño
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La escena local me hizo así, Arenita. Bob Esponja versión paint, recrimina. Tiene razón. Lo conocemos demasiado bien: llegar a una pasión desbordante que conociendo el fandom y su lore caemos arrepentidos. Empuñando el mango de un revólver que hace juego con el color de sus pantaloncillos. Visiblemente enfadado.
El primer pedo fue con la escena local de Tepic, por unos poemiados, así tal cual. El tipo, una mezcla extraña entre Quetzal Noah y modelo de Televisa cautivó al público estatal promoviendo su obra con puro pantalón puesto, mientras mi cotorreo de Te mereces un amor de esos chingones encontró su viralidad. La mitad del ranchito analfabeta donde nací salió a defender al romántico empedernido, me fui como el perro de Octavio y armé todo un desmadre.
No culpo del todo a la escena local, pronto supe que el problema estaba desde el arma que utilizaba para azotar a Góngora tal cual Quevedo. Y así mero, un poco escatológico me fui en una producción masiva y compulsiva de textos y memes quejándome de todo menos de mí mismo.
Nunca disfruté demasiado la serie, desde pequeño me parecía estridente, estúpida e infantil, solo pude conectar con Bob con los memes de Mafioso al mero estilo de un Tony Soprano, sus traje y sombrero del mismo verde que los dólares que sostiene en su mano.
Cuando inicié la producción de la revista me topé con los comentarios de uno de los presentes en la primera edición, quejándose de la exposición alegando me buscaba parar el cuello con sus logros, maldita escena local, solo me alejé de la poesía para caer en más trampas del ego.
Un largo rato consumí podcast de Memes, lecturas de Dawkins y estudiados del fenómeno, ¿qué pudo haberle pasado a Bob para terminar tan desquiciado como yo ahora? ¿Cómo había logrado conectar con un símbolo tan icónico de mi generación a partir de esto?
Crecí con los memes y solo la incorporación de Bob en ellos le brindó un sentido al personaje. Derp, Yao Ming, Poker Face, Forever Alone, reproducidos en foros de 4chan, 9gag y Tumblr, un poco antes de estos el Rickrol, y ahora la escena memera no se imagina la meme magia de la que Francisco Aguilar aleccionó en el Iteso, el criptofascismo, simples replicantes de situaciones altamente contagiosos y desensibilizadoras. Nadie de esta fiesta sabe que I’m not winning son. Soy solo un Pepe apunto de ser cooptado por la derecha radical. Otra vez perdiendo la oportunidad de volverme un concepto y ser repartido como pan y vino en la misa de las 8am en domingo.
Mi abuela desde el cielo no cuida hippies mucho menos blasfemos. Nadie me fokin entiende.

Cicatrices
I
En las fotos de mi infancia algo que destaca bastante, a mi parecer, es la pequeña vena roja que sobresale de mi orificio nasal izquierdo. Mis mayores solían decir que esto se debía a la cigüeña que con su largo pico me había alcanzado a rozar, lo cierto es que yo siempre pensé que era por lo irritado que constantemente estaba debido a mis padecimientos respiratorios.
Uno de mis primeros recuerdos: Estoy con mi uniforme de preescolar, me miro en el espejo del cuarto de mis padres y ahí estoy yo sentado con una máscara que saca salbutamol y otros medicamentos para mis inflamados bronquios.
A lo largo de mi vida he aprendido a amar las pequeñas marcas físicas y mentales que exitosamente he desarrollado, en las rodillas y los codos por la patineta, en la mano por el accidente automovilístico a los 15, y en el alma después del dolor y una culpa poderosa que afloró en mi cuerpo toda clase de símbolos.
Recuerdo bien la amargura de mi padre al revelarle el primer dibujo en mi brazo, un trazo extraño y poco estético tal cual una cicatriz: tienes que entender que esto ya lo tenía muy presente y me era imposible verme al espejo sin verlo en mí, me parece que es ser más transparente con quién soy. Pero al mismo tiempo también lo comprendí, si hubiera sido yo mi padre y mi hijo me mostrase algún símbolo pedorro como un balón de futbol para siempre en su piel, estaría devastado.
II
Mi mamá sufre de sus manchas en la piel, no puede soportar que uno mismo se desgracie el hermoso lienzo que un Dios en el que no cree nos brindó. Yo creo que si las paredes son blancas siempre podremos crear nuevas cuevas de Altamira, pero la creatividad tiene un componente institucional en la modernidad, tienes que seguir una corriente como las cicatrices queloides deben mostrar el trazo sobre la piel tal cual cuchillo en mantequilla.
III
Quizás la cicatriz más grande que me he hecho fue cuando Neto llegó a mi casa con un ácido. Para ese tiempo yo ya estaba desquiciado, a las cuatro horas que reventó sentía como en la cabeza todos mis recuerdos entraban y salían haciendo un disparate: ya me quedé loco le dije, ya no voy a volver a ser igual después de esto, y nunca lo fui.
El cuadro de Van Gogh salió a mi acecho y no pude si no cubrir mi cabeza, siempre escuché que a los 7 ácidos uno ya no queda igual pero a mí me pasó desde el primero y quizás por allá del 100 me explotó un cuadro de ansiedad terrible. Salí de la peda en la que trataba de mantenerme sano y con las lágrimas del cielo también se abrieron los grifos de mi corazón.
Otra fue también con M. No había escuchado de los candy-flips, esa vez estaba yo en la playa y logramos conectar hierba ácidos y éxtasis, nomás Dipo y yo nos atascamos y era como una montaña rusa (que siempre he odiado por cierto) de repente temía que mis latidos rompieran mis costillas mientras la arena era la seda más dulce de experimentar pero después se relajaba y entraba en un viaje de ácido que me dejaba mareado. Me gustaría decir que fue la última vez que experimenté ese sufrimiento pero lo repetí unos tres años después en Vallarta con Westrup, cuando se bajaron los efectos de ambas, sin haber comido ni dormido nada quedas en un estado un poco maniaco de reir por todo y estar al borde del llanto al mismo tiempo.
IV
Poco a poco llegó y se fue la enfermedad, como dice Omar Noel, hoy no hay un centímetro en su cuerpo que no esté rayado desde los dedos de los pies hasta la cabeza, un día echando guama y toque sacó unos chocohongos y me regaló unas líneas que se extienden desde mi pecho, hombro y hasta un poco de mi omoplato, luego se fue a Vancouver a trabajar y no he querido pedirle a nadie más el color.
Puebla
Percibo una silueta al fondo del pasillo de la gran casona en Puebla. El conductor me dijo algo pero no le entendí muy bien así que le pedí que lo repitiera para darme cuenta que ya estaba frente a ella. ¿Sí es aquí no? Perdón, sí tiene razón, es aquí. Me bajé y descubrí el cordón que colgaba en mi pecho, luego me acerqué al portón de madera donde la llave encontró su sitio. Estoy seguro que él no se fue enseguida pues me notó extraño. Yo tampoco quise voltear a verlo. Decidí seguir mi camino. Tambaleando con las sombras de una construcción colonial algo remodelada pero que aún guardaba en sus paredes la húmedad y pesadez de los años previos a la revolución.
Pasé de largo las primeras escaleras poco iluminadas con evidente descuido al fondo del portón y con dificultad vislumbraba un segundo y tercer pisos lúgubres probablemente destruidos por aquellas épocas en que mi abuelo Francisco cortejaba a Elvira, una señorita todavía. Recordé por un momento la cara de Isma que sin duda era igual a la cara de un tipo que se había hecho llamar de otro modo en busca de reactivar una comunidad de danza, y luego pensé que había bailado demasiado y reído y el cachito de cuadro y mota con chela sí había hecho suficiente. Solo iluminado levemente por la luz de la luna podía sentir los ojos de la silueta posarse sobre mi nuca.
Debería empezar desde la premonición en el momento que llegué, en mis notas escribí una reseña que decidí no publicar una vez que conocí al tipo, y es que, cuando las cosas comenzaron mal, me fijé en los reviews y sí tenía varios problemas evidentes de un edificio viejo, pero al conocerlo, bajo la lluvia, sin comer, ni dormir, y tarde para el evento al que fui contratado, me transmitió sinceridad. Creo que la sinceridad es algo muy difícil de conseguir hoy en día.
La mitad de mis cosas ya no estaban conmigo, mientras atravesaba las siniestras cámaras donde probablemente a esa hora más gente dormía, era imposible no sentir la necesidad de bajar la mirada y no fijar la vista un segundo. Me cuesta admitir pero siempre me he sentido manipulado por lo macabro, por aquello prohibido y acusado, lo maligno me busca y yo estoy sin buscarlo y mirando al suelo pero encaminado. Mayorga me ofreció su cama, solo poco después de haber rechazado un espacio con Tadeo pero ansiaba en el fondo el magnetismo de ese sitio oscuro y raro, triste y depresivo así preferí llegar ahí en Domingo, en el mes de Octubre, con los huevos en la mano y la compu en la cama, dije, hoy no veo porno, tengo que decírselo a alguien, alguien tiene que saberlo.
Temí tomar mi celular y verlo en el reflejo así que procuré cerrar los ojos mientras mi lap jalaba. Pensé un momento en el paso del pendejo este que hacía como si se chaquetera debajo de la chamarra y estuve todo un rato tirandole mierda al respecto, pero era mame, vaya, solo quería callarlo un rato, que se durmiera o se aburriera y me dejara en paz para poder volver a esa construcción tétrica.
Al fondo del pasillo apunto de extinguirse un rastro de luz, al fin en mi cuarto, cierro la barrera contra el exterior, pero una vez dentro, mi temor más grande es presente.
Tú eres diario, yo a veces no existo
Hoy desperté
Quizás sin despertar
He estado acostado en la tina por unos 20 minutos quizás
Después de pasar una velada platicando de ti
Entre otras peripecias.
Es la segunda o tal vez tercera o cuarta noche seguida que llevo trasnochando
Pero no es por ponerme dramático o descriptivo
Quizás por las bastas chelas de ayer o por los plumazos que sacó pero
Te pienso
Irremediablemente
Todas las veces
Todos los días
Algunos
Más ansiosos que otros
Soy una persona difícil y hoy no trata nada sobre mí pero este mensaje me involucra y espero ser certero
(Que para algo creo deben servir las palabras)
Te adoro
Te extraño
Te amo
Te pienso
Te admiro
Respiro
Pienso
Huelo
Quiero tocar,
Acariciar,
Deseo
Imagino
Ilusiono quizás
Tenerte aquí y olvidar todo
Lo negativo queda aparte
Lo negativo queda atrás
Hoy solo son palabras porque no puedo estar cerca de ti
Pero mis palabras me mantienen cerca del gusto
O quizás morbo
De la necesidad que le han dado estos tiempos de tenerte a mi lado
Que me abraces, me beses
Me hace sentir como cuando por fin logro decir todo lo que callo
O será tal vez lo que no escribo
Me siento cansado
Pero contento
Por estar pronto a tus brazos
A mi hogar que puede ser menos de un par de metros cuadrados
De una cama que de manera privilegiada habitamos en un techo que no se ha bombardeado aún por las ideas expansionistas capitalistas o poéticas de algún otro idiota
A quién se le ocurre mencionar en un poema a un genocidio
Quizás estoy muy enfermo
Quizás he estado años romantizando esto
Escribir un adios (o pensarlo)
O decirlo
Frente a una pared bicolor
Y a un grifo que ya no corre en una bañera
Pero de nuevo vuelvo al narcisismo de decir que me haz salvado
Para serte sincero siento que esto empezó como un gesto lindo de ser descriptivo mientras te digo que estoy enamorado de ti pero me parece todo eso es muy reduccionista
Hoy estoy acá y tú allá
Lo cierto es que hoy y ayer y mañana
Estamos separados
Pero nuestro corazón descansa en la misma cama donde
Yo quiero subir a nuestra perra porque yo no soy su yeyo solamente
Ella ama cuando me apapacho en el suelo y sabe que todo
Es también un
Beso a tus labios
Te amo diario mi vida
Salma
Arturo o Arti, tu novio, hoy 30 de mayo
Quisiera siempre mis acciones sean tan chulas
Placenteras
Buenas
E ilustres
Como me imagino eres siempre tú
Aunque no te vea hoy
Otra vez, ahí te va
te amo.
Navidad en familia
Mientras nos llenamos de sonrisas y abrazos y pavo y alcohol y regalos nuestros vecinos se enriquecen con la masacre de miles de seres humanos.
En las mesas los colores rojo y blanco me recuerdan a una de las marcas más emblemáticas del consumismo y disfrutar en familia, esa bebida negra como el petróleo, americana como los misiles que eliminan linajes enteros, infancias desapareciendo en un pestañeo, los bolsillos están por estallar como las cabezas de tantos inocentes mientras occidente «conmemora» o ignora uno de los sucesos más cruentos de la existencia humana, la brutalidad del pueblo de israel, de los zionistas sin un gramo de consciencia en su cerebro ni pena en su corazón, con la complicidad de todos, el desentendimiento de occidente para sostener la costumbre de vestirse con ropa de moda pronta, vernos un poquito más elegantes, aparentar una integridad, decencia por el nacimiento de un judio que nació en un área remota, golpeada constantemente y hasta el día de hoy por el facismo.
Hoy es 25 de diciembre y las muertes no paran. Israel ha decidido ser más rico y dejar en la tierra el rastro de sangre más grande de la modernidad, impregnado en las memorias de Palestina y de los que tristemente somos testigos de la brutalidad con la que despojan a padres de sus hijos, hijos de sus padres, niños de sus infancias, todo un pueblo de la existencia y aún así reprimiendo la crítica, la verdad a través de todas las formas posibles: plataformas como Facebook, Instagram, YouTube, medios de comunicación que censuran constantemente a activistas y personas que con terror buscamos las noticias de medio Oriente.
Mantra para titularse
deja que el amor te salve
como un mantra
que los mantras nutren bien las obsesiones de los locos
tanto como los títulos las de los necios
llega siempre a un espacio vacío
para empezar a llenarlo
con símbolos
sentir que vale algo
estar vivo
aunque no sepas acaso si es del todo cierto
si yo tuviera un arma
una bala bastaría
para cambiar el universo
he salido victorioso de tantas batallas internas que ya ni me alegro
Las vagancias del
Arti empieza contándote la historia del juego de sueños de la noche pasada. Justo ayer. Ansioso por la manera en la que volaba y luego dejaba de tener la habilidad. Luego en otro atorado en un tráfico que era mejor bajarse y caminó y caminó y caminó hasta un semáforo rojo. Conducía luego por una curva interminable pero sus ojos, pesados como los juicios de cualquiera se cerraban, caían y caían. No podía no dar contra el muro de contención y despertar un poco pero imposible era escapar el sopor. Casi se pinchaba el brazo para despertar pero nada pasaba.
Adelante un motociclista. Con chamarra de cuero y todo. Se guarda el celular antes de esconderlo en su bolsillo negro como su mochila y casco. Puedo sentir el calor de la acera a través de sus botas, también negras, de los árboles y del carro que
Viene atrás un sonido de alarma. Una patrulla o ambulancia. Los bomberos no sé. Es una patrulla y nadie se alarma ni molesta en dejarla pasar o hacerse a un lado. Una estúpida sirena con uno o dos babosos con algún enjuiciado o en camino por uno.
Vivir una vida
A veces me siento como
Una derrota evidente
Y otras como una victoria definitiva
Mi alegría se diluye en un mar de incomprensión y soledad
Todos vivimos una realidad única
Una verdad virtualmente inalcanzable
Y un sufrimiento compartido
Por alguna razón siempre comienza con que despierto
Abro los ojos a un brillo agotador
A una ciudad molesta
A un país incompleto
Aparecen centros comerciales mientras desaparecen mujeres y estudiantes
Menos infancias pero muchas más bocas
En la calle es indiscutible que existen
Con una mirada de triste ternura pidiendo unos pesos para complacer
A sus explotadores o a su hambre que no cesa
Oportunidades y comodidades desaproveché
Pero dormir en el frío es brutal
También extinguir tus sueños como la flama que se rinde ante la poderosa leña
Nunca fui pintor, ni músico, ni poeta
Reportero, bailarín o buen amigo
Lo que fui lo hice porque no había algo más entretenido por el momento
Nada me mantuvo plantado en los mosaicos suaves como la distracción y ociosidad
Nada me mantuvo con los pies descalzos tan besuqueados como la bella costa
La brisa siempre me ha devuelto a otros sitios donde quizás nunca estuve tanto tiempo
Las playas de Vallarta, el parque frente a la primaria, el cerro de San Felipe de Híjar, el anfiteatro de medicina en Guadalajara
Lugares cada vez menos presentes por mi deplorable rutina de olvidar
Toco las hojas de los árboles con suavidad como acariciando a un gatito
Y a veces siento me regresa la caricia cuando una rama llega a mí como la extremidad naciente de un vecino
Un rasguño de algún otro sitio a veces me alcanza
En mi sueño o en otro lado
Siempre absorto en las nubes
Como que si no supiera que
Tendré que caer
Neutral Feline 420
Lo que me gusta de las lecturas de poesía es que se junta el mismo tipo de presuntuosos y entre ellos se alimentan de sus propios aplausos. Incrédulos de la emocion que genera la lectura con tono pedante a sus amigos y conocidos, a gente que no lo entiende nada pero alaba por poder participar en este espectáculo de imitaciones y pretenciones.
Lo que más me gusta de los parques son los que habitan como los pájaros a los árboles. Despiertan entre colchas empolvadas sobre el piso frío. Acomodan su changarro que a veces cabe todo en una bolsa de basura negra, de las grandotas. Que libres de todo prejuicio piden cínicamente algo concreto: comida, agua, un peso para completar para un taco. Que sin mayor problema encuentran un sitio para hacer sus necesidades o discursos en el público como en privado.
Lo que menos me gusta del internet es lloriquear en las redes sociales sobre lo que más me desagrada. Todos pueden comentar y escribir, defender sus posturas, gustos, sesgos, todos valemos iguales y tenemos derecho a este micrófono integrado que nos une en un juego absurdo.
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Yo sé que hay algún morboso aquí. Yo sé que ahí estás. Casi hasta puedo ver la forma que define tu cara. Las asimetrías y lunares que bien reconoces en la oscuridad frente al espejo antes de encender la luz encandilando tus propios ojos.
Yo sé que me lees desde tu intimidad, desde la curiosidad de escuchar la historia de alguien aunque nadie hable. De sentir como las palabras que sueltan mis dedos recorren tu cabeza interiorizando las perspectiva de un solitario que asiste sitios con tumulto.
Sé que tú eres ese también. Ese que escribe las palabras que yo suelto. Ese que decide dejar entrar a un desconocido a su hogar sin preocupación de quedar invadido por otro ser. Ese que abre la ventana para que entre el aire fresco al cuarto, o para liberarse del aire bochornoso, húmedo y atrapado en tus tristes paredes.
A veces sin bateria en el celular te propones imaginar una historia. Ver el techo o el suelo. Ver las caras de las personas y encontrar alguna detenida en tu persona, sonreírle, luego mirar distraído hacia otro lado con suerte no habitado más que con el espacio donde te puedes abstraer. Dejar ir requiere un momento preciso que a veces tardamos años en encontrar.
De nuevo hago como si no te sabes todo ya. Como si hubieran huecos en la narrativa que no se han llenado por la especulación o tu imaginación tan despierta. Como si hubieras estado dormido mientras yo contaba, o tú en vigilia mientras yo dormía. Y el cuerpo cálido que reside a un lado tuyo es indiferente para ambos.
Hoy no es un día muy especial. Amanecí con la garganta cerrada y mocos en la nariz. Falté a la clase de la mañana y en el camino a la de la tarde desbloqueaba el micrófono del teléfono para asentir cada que el entrevistador me preguntaba algo. Derramé café encima de mi camisa, pantalón y el suelo del departamento de estudios literarios por apresurarme al salón.
No podía recordar el sitio donde asistiría a clase ya que el profesor decidió cambiar de aula. Le llamé a Anya y me confirmó que estaba a dos edificios de distancia. Me precipité solo para ver que el docente aún no había llegado. Él es sereno. Casi nunca ríe por lo que parece siempre tiene todo bajo control, y evidentemente así es. Me recuerda mucho a Narciso cuando conoció a Goldmundo. Un genio absoluto, fresco y estructurado. No es la primera vez que tomo clase con él. Algún semestre antes por alguna razón que no puedo (o quiero) recordar decidí faltar a la mayoría de sus clases y recursar. A veces no sé qué pasa por mi mente en cada segundo, solo estoy seguro lo que pasa en el momento que pasa y más aún cuando lo escribo. Cuando lo escribo es como si hablara con todo el mundo en mi silencio, abajo de las colchas con las que me cubro del frío y del exterior.
