CANCIÓN IMPLACABLE. Mario Santiago Papasquiaro

Me cago en Dios
& en todos sus muertos
Me cago en la hostia
& en el coñito de la virgen
Me cago en los muertos
del Dios de Dios
En la soberbia de Federico Nietzche
en el cuerpo tembloroso de mi alma
& en las ortigas al aire del ateo
En la muerte prematura de los justos
en la fugacidad del coito & sus centellas
en el verbo animal
en la imaginación-rizoma
en los textos del saber tan destetado
En la raja de los mundos
yo me caigo
Concentrado en el incendio de mis poros
En este alcohol-maleza que me cimbra
en el ojo infinito de mis huellas
en el furor salvaje del desmadre
en la imposible muerte & sus ofrendas
en el barro de áspid que calienta
en las rocas de la amada
en la levitación de mi calaca
en el cojo corazón de lo innombrable
En el aleph acuoso de mis llagas
en la vítrea desazón de mi asesino
en la mano del placer
en la droga anidada en sus colmillos
En el ogro filantrópico & su esposa
en la tumba del azar tan manoseada
en el germen de la lírica / que es caca
En la boñiga aérea
en las lagañas topas
en el cráneo todo esplendor de Charleville
En las ratas que aún huyen del Mar Ebrio
en lo blando
en lo fofo
& en lo inerme
En el eructo de éter de los sapos
en las sangres hirvientes
en las sombras
en el rosa gargajo de las albas
en el vidrio insensato que he escogido como calle en las barrancas de Venus tumefacta
En el platón del festín
en las bacinicas de la tregua
en el hongo podrido & su tridente
En el genealógico tumor de la US Army
en el extenso linaje de la mierda
Abismo & resplandor / azar & viento
Vena abierta de cocxis a clavícula
Regazo de embriaguez
Llama de arpas embozadas
En las ingles sin axilas de Dios-inventamuertos
en el suave & múltiple rumor que hacen 2 lágrimas
en el mar : en sus desiertos :
& en mí mismo.

A GLORIA. Salvador Díaz Mirón

No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente loca:
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cristal de roca.

Semejante al nocturno peregrino,
mi esperanza inmortal no mira el suelo;
no viendo más que sombra en el camino,
sólo contempla el esplendor del cielo.

Vanas son las imágenes que entraña
tu espíritu infantil, santuario oscuro.
Tu numen, como el oro en la montaña,
es virginal y, por lo mismo, impuro.

A través de este vórtice que crispa,
y ávido de brillar, vuelo o me arrastro,
oruga enamorada de una chispa
o águila seducida por un astro.

Inútil es que con tenaz murmullo
exageres el lance en que me enredo:
yo soy altivo, y el que alienta orgullo
lleva un broquel impenetrable al miedo.

Fiando en el instinto que me empuja,
desprecio los peligros que señalas.
«El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas».

Erguido bajo el golpe en la porfía,
me siento superior a la victoria.
Tengo fe en mí; la adversidad podría,
quitarme el triunfo, pero no la gloria.

¡Deja que me persigan los abyectos!
¡Quiero atraer la envidia aunque me abrume!
La flor en que se posan los insectos
es rica de matiz y de perfume.

El mal es el teatro en cuyo foro
la virtud, esa trágica, descuella;
es la sibila de palabra de oro,
la sombra que hace resaltar la estrella.

¡Alumbrar es arder! ¡Estro encendido
será el fuego voraz que me consuma!
La perla brota del molusco herido
y Venus nace de la amarga espuma.

Los claros timbres de que estoy ufano
han de salir de la calumnia ilesos.
Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!

¡Fuerza es que sufra mi pasión! La palma
crece en la orilla que el oleaje azota.
El mérito es el náufrago del alma:
vivo, se hunde; pero muerto, ¡flota!

¡Depón el ceño y que tu voz me arrulle!
¡Consuela el corazón del que te ama!
Dios dijo al agua del torrente: ¡bulle!;
y al lirio de la margen: ¡embalsama!

¡Confórmate, mujer! Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú, como la paloma, para el nido,
y yo, como el león, para el combate.

LOS PERROS ROMÁNTICOS. Roberto Bolaño

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.

LA VOZ DEL INVÁLIDO. Antonio Plaza Llamas

   I

    Bajo la sombra de saúz añoso
frente a un albergue rústico apartado,
se hallan, un joven de naciente bozo,
y un viejo descreído, mutilado.
  Los surcos de la frente marchitada,
las escépticas frases que congelan,
la irónica sonrisa y la mirada
del viejo, su pasado nos revelan.
  El apuesto garzón, el casi niño,
con marcada humildad escucha atento
al anciano, que lleno de cariño
le dice así con paternal acento:

                  II

  Con que, Andrés, ¿vas a partir?
¿Se torna el rapaz en hombre?
¡Bien!… Escucha y no te asombre,
Andrés, lo que vas a oír.
  En el revuelto Océano
en que fui náufrago un día,
quiero que lleves por guía
la débil voz del anciano.
  No cual clérigo profundo
evangelizarte anhelo:
la virtud es flor del cielo
que se marchita en el mundo.
  No de ilusiones que halagan
te hablaré, ni de moral:
quiero, Andrés, que no hagas mal
ni dejes que te lo hagan.
  Franklin dijo en parte alguna,
hablando del mundo, que:
«Lo que salva no es la fe,
sino el no tener ninguna».
  No creas consejas ni apólogos,
busca siempre la verdad:
la fe, chico, es necedad
que llaman virtud los teólogos.
  Yo no te aconsejo el vicio,
el que mal hace, mal halla:
quiero que vistas con malla
tu corazón tan novicio.
  Y ya que tus tiernos años
están flacos de experiencia,
escucha, Andrés, con paciencia
la voz de los desengaños.
  También locas ilusiones
mi juventud conmovieron,
y las que ilusiones fueron
son ya negras decepciones.
  Por eso en estulta calma
niego todo con cinismo,
porque el torpe escepticismo
viento es que congela el alma.

                  *

  Tú vas a la corte. Allí
activo en tu bien rebúllete.
Consérvate, aséate, instruyete,
y vive, Andrés, para ti.
  Obra mucho y cierra el labio,
que llega a su fin más pronto,
con su actividad el tonto
que con su pereza el sabio.
  Es la corte cosa brava,
todos mal de todos piensan.
Los enemigos comienzan
donde la nariz acaba.
  Tú allí con muy buenos modos
sé expansivo, sé jovial:
de todos piensa muy mal;
pero habla muy bien de todos.
  Que mascarada es completa
la corte que veo con asco,
y sufre allí más de un chasco
quien no toma su careta.
  Allí es el afeite aseo,
sinceridad el cinismo;
la locura excentricismo;
la adulación galanteo.
  Se le llama bueno al bobo,
se llama al miedo prudencia,
se llama la charla ciencia,
se llama fianza el robo.
  Allí en duda has de poner
la castidad del beato,
la mansedumbre del gato,
la virtud de lá mujer.
  Allí todo es falsedad.
«Vanidad de vanidades»,
allí abundan nulidades
rellenas de vanidad.
  Todos quieren que su ncmbre
a los hombres envanezca,
y no hay hombre que merezca
llamarse siquiera hombre.
  Que de aquella sociedad,
llena de lodo y materia,
es muy grande su miseria
y mayor su vanidad.
  El hombre, tenlo presente,
en ese mundo hostigoso,
hace un viaje muy penoso
y no medra si no miente.
  Ese tránsito empalaga:
que molestan en el víaje,
los ricos con su carruaje,
los mendigos con su plaga.
Y magüer razón te sobre,
en la sociedad, buen chico,
evita el odio del rico
y la intimidad del pobre.
  Mas si das a la indigencia,
nunca la humilles cruel;
porque es difícil papel
el papel de Providencia.
  Saber dar es gran virtud,
y dar sin tacto es locura:
lo que se da sin finura,
se acepta sin gratitud.
  Hay favores tan sin gracia,
que dejan huella sensible
en el alma, y más horrible
hacen ellos la desgracia.
  Muchos hay que dan lo suyo
por cálculo o vanidad,
pero, hijo, esa caridad,
es la virtud del orgullo.
  Nunca des con mira doble;
porque el hombre desgraciado
es un objeto sagrado
para quien tiene alma noble.
La desgracia lenifica
sin esperar gratitud;
porque, Andrés, la ingratitud
a la caridad deifica.

                  *

  Tus apuros, si los tienes,
cuenta al que cuente reales;
es decir, cuenta tus males
sólo al que los torne en bienes.
  Nunca vistas con descuido;
porque en la corte deshonra
más que una mancha en la honra
una mancha en el vestido.
  Tu lujo empero modera,
no al lujo te entregues, no,
mira que el lujo empezó
por unas hojas de higuera.
  Cuida y no te faltará:
da poco y no se te olvide
que quien da a todo el que pide
pide al fin a quien no da.
  Ten siempre el bolsillo a tasa,
para que siempre algo sobre;
porque, Andrés, el hombre pobre,
de pobre hombre nunca pasa.
  Del placer haz poco uso,
si ilusión quieres tener,
que abusando del placer
no hay placer en el abuso.

     *

  Por si acaso en sueño cálido
buscas de Marte la gloria,
voy a contarte la historia
a que debo estar inválido.
  Allá en mis años mejores
se encendió lid fratricida,
porque a mi patria querida
plugo cambiar de opresores.
  Del patriotismo la llama
ardió en mi pecho de tierra.
Marché, Andrés, y en cruda guerra
reñí, como perro en brama.
  El éxito no fue malo:
vencimos a los traidores,
y volví pisando flores
con una pierna de palo.
  Cubierto de gloria, chico,
dejóme el gobierno cruel;
¿había de comer laurel
como si fuera borrico?
  Otros con férvido arrojo
la victoria celebraron.
Oro y destino pescaron,
y yo quedé pobre y cojo.
  Así es la guerra maldita:
a muchos les da oropeles,
y carruajes y corceles,
y a otros las piernas les quita.
  Vengué yo ajenos agravios
y al fin ¿qué saqué?… ¡Desprecios!
La guerra la hacen los necios
en provecho de los sabios.
  No seas de los que combaten,
pero odia a los que se rindan;
pues sacan más los que brindan,
que los tontos que se baten.
  A la guerra, Andrés, no vayas,
y sin luchar vencerás;
porque un brindis vale más
que el humo de cien batallas.
  Está la patria hecha trizas
con tanta gente malévola,
y del brasero de Scévola
no quedan ya ni cenizas.
  Es un loco temerario
el que anda entre los cañones:
es mejor en los salones
esgrimir el incensario.
  Si por figurar te apuras,
lisonjea a los beneméritos,
y fía más que de los méritos
de tus buenas coyunturas.
  No te oirán si no te encorvas:
ya que ellos tienen, Andrés,
las orejas en los pies,
ten el talento en las corvas.
  Para que a ciegas no andes,
te aconsejo, por mi nombre,
dejes tu grandeza de hombre
con todos los hombres grandes.
  La dignidad no conviene,
ni la honradez, hijo de Eva;
quien no adula no se eleva:
el que no es vivo no tiene.
  Si no estás en gran bonanza,
no busques, hijo, mujer;
el pobre ha de mantener
solamente la esperanza.
  El amor es gran locura,
y eí bendito matrimonio,
lazo que tiende el demonio
y convierte en soga el cura.
  El consorcio, en conclusión,
para un pobre es grave mal;
y su tálamo nupcial
túmulo es de su ilusión.
  Nunca el marido descansa
y sus sacrificios crecen:
pero ellos no se agrandecen,
porque con ellos no alcanza.
  Tú pondrás del ara encima
tu independencia sin juicio,
y ese inmenso sacrificio
ninguna mujer lo estima.
  Es feliz quien por fortuna
mujer buena tiene, Andrés
pero más dichoso es
el que no tiene ninguna.
  Amor es mentida flama,
la gratitud no parece:
sólo, Andrés, una madre ama
y sólo un perro agradece.

                  *

  Mas si tú afectos deseas,
te lo digo con dolor,
cree hasta en el mismo amor,
pero en la amistad no creas.
  Con experiencia lo digo,
Andrés, consérvalo impreso:
un libro, un perro y un peso
forman un completo amigo.
  Los que el mundo desconocen
dicen, sobrino, que es fama,
que en la cárcel y en la cama
los amigos se conocen.
  En cualquier situación seria
tendrás número importuno
de amigos, mas no habrá uno
cuando estés en la miseria.
  La amistad es falso cobre,
la amistad, óyelo, chico,
forma la ilusión del rico
y el desengaño del pobre.
  La amistad, en conclusión,
la amistad, tenlo presente,
es, sobrino, un accidente
del oro o la posición.
  Quien fuere en la vida cero
no tendrá un amigo, Andrés:
si el dinero amigo es,
sé amigo tú del dinero.
  Mejor que un peso, ten dos,
no hagas mal por egoísmo,
y duda hasta de ti mismo,,.
vete, y… ¡bendígate Dios!

    III

  Un instante después, por el camino
triste a un jinete galopar se veía,
y un viejo de mostacho blanquecino
con la vista al jinete perseguía.
  Cuando ni el polvo que el corcel alzara
pudo el viejo mirar, sintió que ardiente
gota de llanto resbaló en su cara,
y suspirando doblegó la frente.
  «Y ¿qué será de ti?» —clamó el anciano—.
«Tu incierto porvenir ¿por qué me altera?…
corre a luchar con ese mundo insano;
vete a sufrir la suerte que te espera.
  La lucha con el mundo no te asombre,
hombre no es el que luchar no sabe;
porque nació para luchar el hombre
como nació para volar el ave.
  Jamás el hombre del deslino oscuro
el negro velo levantar espere;
envuelto entre la sombra está el futuro…
el hombre es lo que la suerte quiere».

ES OLVIDO. Nicanor Parra

Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola María,
No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
Supe de la su muerte inmerecida,
Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas,
Hecho que me sorprende, porque nunca
Fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,
Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
Sólo queda un puñado de cenizas),
Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
Con el celeste nombre de María,
Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,

¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida,
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo niel nombreque tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.

Desengaño de las mujeres. Francisco de Quevedo

Puto es el hombre que de putas fía,

y puto el que sus gustos apetece;

puto es el estipendio que se ofrece

en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría

que el rato putaril nos encarece;

y yo diré que es puto a quien parece

que no sois puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,

si al cabo para puta no os dejare;

y como puto muera yo quemado

si de otras tales putas me pagare,

porque las putas graves son costosas,

y las putillas viles, afrentosas.

«Al menos dejemos flores y cantos» (canto nahuatl de Nezahualcoyotl)

[encontré esta traducción en: Aprendiendo Anahuac]


Ze illnamikiz nin eskayo Nezahualcoyotl (Ika tien ni yazki).
Amitla ni tenyo tiliuh
Tlakuitlapan tlalipan
Ken ni kichiua noyolohzin
Azeh motopali tiuala
Nemeliz in kueponiz tlalipan
Ti nezkayototiuh xochimeh,
Ti nezkayototiuh kuikameh.
Un tributo a Nezahualcoyotl (memorias del pasado).
¿que dejaré cuando me vaya?
¿que dejaré en esta tierra?
¿que hará mi corazón?
no venimos en vano
a vivir en este mundo
al menos dejemos flores,
al menos dejemos cantos
A tribute to Nezahualcoyotl (Memory left behind).
What will I take with me when I go?
Will I have something to leave on this earth?
How will my heart act?
It is useless to come
to live into this world
Let’s leave at least flowers,
Let’s leave at least songs.
Por Huey Tlatoani Nezahualcóyotl

Tlazohkamahti Tlacuilo Azteca.

Oda a L.A mientras pienso en Brian Jones, Fallecido. Jim Morrison

Soy residente de una ciudad
Acaban de elegirme para el papel de
Príncipe de Dinamarca
Pobre Ophelia
Todos esos fantasmas que él nunca vio
Flotando a la fatalidad
en una vela de hierro
Regresa, valiente guerrero
al buceo
en otro canal
Piscina de caliente mantequilla
¿Dónde está Marrakech?
Bajo las cataratas
la furiosa tormenta
donde los salvajes cayeron
al final de la tarde
monstruos rítmicos
Has dejado que tu
Nada
le haga competencia a tu
Silencio
Espero que te hayas ido
sonriendo
como un niño
en el fresco remanente
de un sueño
El hombre-ángel
con serpientes compitiendo
por sus palmas
y dedos
Finalmente reclamó
esta benevolente
alma
Ophelia
Hojas, empapadas
en seda
Sueño
clorificado
loco ahogado
Testigo
El trampolín, la zambullida
La piscina
Eras un luchador
una musa almizclada de Damasco
Eras el palidecido
sol
para la TV de la tarde
sapos-cornudos
disidente de mancha amarilla
Mira ahora adónde te ha
llevado
en el cielo de carne
con los caníbales
y judíos
El jardinero
encontró
el cuerpo, furioso, Flotando
Afortunado Cadáver
¿Qué es esa cosa verde pálido
de la que estás hecho?
Hacer agujeros en la piel de
la diosa
¿Apestará
llevado al cielo
por los pasillos
de música?
De ninguna manera
Requiem por un pesado
que sonríe
Ese gordo sátiro
de mirada maliciosa
ha saltado a lo alto
en la tierra fértil

Jim Morrison, Los Angeles, 1969.

Libertad. Paul Éluard

Sobre mis cuadernos de colegial Sobre el pupitre y los árboles Sobre la arena sobre la nieve Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas Sobre todas las páginas en blanco Piedra, sangre, papel o ceniza Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas Sobre las armas de los belicosos Sobre la corona de reyes Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto Sobre los nidos sobre las retamas Sobre el eco de mi infancia Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches Sobre el pan blanco de los días Sobre las temporadas desposadas Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul Sobre el estanque sol enmohecido Sobre el lago luna viva Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte Sobre las alas de los pájaros Y sobre el molino de las sombras Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora Sobre el mar en los barcos Sobre la montaña lunática Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes Sobre los sudores de la tormenta Sobre la lluvia gruesa e insípida Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean Sobre las campanas de los colores Sobre la verdad física Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas Sobre las carreteras desplegadas Sobre los lugares que desbordan Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende Sobre la lámpara que se apaga Sobre mis casas reunidas Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos Espejo y mi habitación Sobre mi cama vacía Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno Sobre sus orejas elaboradas Sobre su pierna torpe Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta Sobre los objetos familiares Sobre el mar del fuego bendito Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida Sobre la frente de mis amigos Sobre cada mano que se tiende Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas Sobre los labios atentos Bien sobre el silencio Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos Sobre mis faros aplastados Sobre las paredes de mi problema Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos Sobre la soledad desnuda Sobre las marchas de la muerte Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo Sobre el riesgo desaparecido Sobre la esperanza sin recuerdos Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra Reinicio mi vida Nací para conocerte Para nombrarte Libertad.

ORIGINAL:

Sur mes cahiers d’écolier
Sur mon pupitre et les arbres
Sur le sable sur la neige
J’écris ton nom

Sur toutes les pages lues
Sur toutes les pages blanches
Pierre sang papier ou cendre
J’écris ton nom

Sur les images dorées
Sur les armes des guerriers
Sur la couronne des rois
J’écris ton nom

Sur la jungle et le désert
Sur les nids sur les genêts
Sur l’écho de mon enfance
J’écris ton nom

Sur les merveilles des nuits
Sur le pain blanc des journées
Sur les saisons fiancées
J’écris ton nom

Sur tous mes chiffons d’azur
Sur l’étang soleil moisi
Sur le lac lune vivante
J’écris ton nom

Sur les champs sur l’horizon
Sur les ailes des oiseaux
Et sur le moulin des ombres
J’écris ton nom

Sur chaque bouffée d’aurore
Sur la mer sur les bateaux
Sur la montagne démente
J’écris ton nom

Sur la mousse des nuages
Sur les sueurs de l’orage
Sur la pluie épaisse et fade
J’écris ton nom

Sur les formes scintillantes
Sur les cloches des couleurs
Sur la vérité physique
J’écris ton nom

Sur les sentiers éveillés
Sur les routes déployées
Sur les places qui débordent
J’écris ton nom

Sur la lampe qui s’allume
Sur la lampe qui s’éteint
Sur mes maisons réunies
J’écris ton nom

Sur le fruit coupé en deux
Du miroir et de ma chambre
Sur mon lit coquille vide
J’écris ton nom

Sur mon chien gourmand et tendre
Sur ses oreilles dressées
Sur sa patte maladroite
J’écris ton nom

Sur le tremplin de ma porte
Sur les objets familiers
Sur le flot du feu béni
J’écris ton nom

Sur toute chair accordée
Sur le front de mes amis
Sur chaque main qui se tend
J’écris ton nom

Sur la vitre des surprises
Sur les lèvres attentives
Bien au-dessus du silence
J’écris ton nom

Sur mes refuges détruits
Sur mes phares écroulés
Sur les murs de mon ennui
J’écris ton nom

Sur l’absence sans désir
Sur la solitude nue
Sur les marches de la mort
J’écris ton nom

Sur la santé revenue
Sur le risque disparu
Sur l’espoir sans souvenir
J’écris ton nom

Et par le pouvoir d’un mot
Je recommence ma vie
Je suis né pour te connaître
Pour te nommer

Liberté.

Paul Eluard

¿Qué putas puedo? Jaime Sabines


¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?
¿Qué puedo hacer en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?
¿Qué puedo con inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?
¿Qué puedo entre los poetas uniformados
por la academia o por el comunismo?
¿Qué, entre vendedores o políticos
o pastores de almas?
¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?
¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?