Desperté sin sueño y un poco encandilado, con el estómago vacío y la sensación de que llevaba demasiados días seguidos pisteando de una forma desmedidaCuando subí al carro el olor a mota era penetrante, para un consumidor obsesivo fue reconfortante. Rastros de pasto verde y algunos motes del polvo blanco de la otra noche.Mi estómagoSigue leyendo «Jueveses y Domingoses»
