El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro.
Jaime Sabines
Soy tu víctima.
De lo que me dices, de lo que me callas.
¿Dónde escondes esas guayabas, ese pomelo atoronjado, suave, húmedo, amargo? Sácame de tus uvas, de tus limones: exprímeme, córtame en pedazos, tírame con la cebolla, ponme sal.
Revuélveme en chile, méteme en el cazo y guísame, cómeme, digiéreme.
Me tienes en tu plato ahogado en salsa ardiente
Con un poco de vida todavía chupando mis venas.
Por favor hazme víctima.
Hazme partícipe de tu huella.
Déjame sentir víctima de tu paladar.
Quiero saber que estoy vivo y con sabor.
Soy tu víctima,
todo cuanto resistes, cuanto no vienes y no tocas.
Lo que dejas pudrir, rechazas y pierdes.
Soy víctima de tu indiferencia,
de tu mirada fija y sostenida.
Soy víctima tuyo por mis manos,
ahora te tocan y dan placer,
te levantan un poco para ver tu mentón,
tu bellísimo relieve.
Cómo una grieta soy víctima del lunar de tu cuello.
Soy víctima que besa tus orquídeas y esmeraldas apartándolos de tu dulce piel,
víctima del color rojo carmín de tu sexo,
de todos los rubíes que te conforman desde tus faldas hasta tus crestas,
de cuando tiemblas y truenas.
Soy víctima de tus pies descalzos y delicados,
cómo la hoja es víctima del agua con la que choca al caer desde lo alto,
o el agua es víctima de lo alto o lo alto es víctima del verbo chocar.
Algo estas haciendo, o dejando de hacer en mí,
haciéndome víctima tuyo.
En cada momento.
