El apuesto garzón, el casi niño,
con marcada humildad escucha atento
al anciano, que lleno de cariño
le dice así con paternal acento:
II
Con que, Andrés, ¿vas a partir?
¿Se torna el rapaz en hombre?
¡Bien!… Escucha y no te asombre,
Andrés, lo que vas a oír.
