Puebla

Percibo una silueta al fondo del pasillo de la gran casona en Puebla. El conductor me dijo algo pero no le entendí muy bien así que le pedí que lo repitiera para darme cuenta que ya estaba frente a ella. ¿Sí es aquí no? Perdón, sí tiene razón, es aquí. Me bajé y descubrí el cordón que colgaba en mi pecho, luego me acerqué al portón de madera donde la llave encontró su sitio. Estoy seguro que él no se fue enseguida pues me notó extraño. Yo tampoco quise voltear a verlo. Decidí seguir mi camino. Tambaleando con las sombras de una construcción colonial algo remodelada pero que aún guardaba en sus paredes la húmedad y pesadez de los años previos a la revolución. 

Pasé de largo las primeras escaleras poco iluminadas con evidente descuido al fondo del portón y con dificultad vislumbraba un segundo y tercer pisos lúgubres probablemente destruidos por aquellas épocas en que mi abuelo Francisco cortejaba a Elvira, una señorita todavía. Recordé por un momento la cara de Isma que sin duda era igual a la cara de un tipo que se había hecho llamar de otro modo en busca de reactivar una comunidad de danza, y luego pensé que había bailado demasiado y reído y el cachito de cuadro y mota con chela sí había hecho suficiente. Solo iluminado levemente por la luz de la luna podía sentir los ojos de la silueta posarse sobre mi nuca. 

Debería empezar desde la premonición en el momento que llegué, en mis notas escribí una reseña que decidí no publicar una vez que conocí al tipo, y es que, cuando las cosas comenzaron mal, me fijé en los reviews y sí tenía varios problemas evidentes de un edificio viejo, pero al conocerlo, bajo la lluvia, sin comer, ni dormir, y tarde para el evento al que fui contratado, me transmitió sinceridad. Creo que la sinceridad es algo muy difícil de conseguir hoy en día. 

La mitad de mis cosas ya no estaban conmigo, mientras atravesaba las siniestras cámaras donde probablemente a esa hora más gente dormía, era imposible no sentir la necesidad de bajar la mirada y no fijar la vista un segundo. Me cuesta admitir pero siempre me he sentido manipulado por lo macabro, por aquello prohibido y acusado, lo maligno me busca y yo estoy sin buscarlo y mirando al suelo pero encaminado. Mayorga me ofreció su cama, solo poco después de haber rechazado un espacio con Tadeo pero ansiaba en el fondo el magnetismo de ese sitio oscuro y raro, triste y depresivo así preferí llegar ahí en Domingo, en el mes de Octubre, con los huevos en la mano y la compu en la cama, dije, hoy no veo porno, tengo que decírselo a alguien, alguien tiene que saberlo. 

Temí tomar mi celular y verlo en el reflejo así que procuré cerrar los ojos mientras mi lap jalaba. Pensé un momento en el paso del pendejo este que hacía como si se chaquetera debajo de la chamarra y estuve todo un rato tirandole mierda al respecto, pero era mame, vaya, solo quería callarlo un rato, que se durmiera o se aburriera y me dejara en paz para poder volver a esa construcción tétrica. 

Al fondo del pasillo apunto de extinguirse un rastro de luz, al fin en mi cuarto, cierro la barrera contra el exterior, pero una vez dentro, mi temor más grande es presente.

Publicado por A. Aguilar Larios

Arturo Aguilar Larios / Arti / 4rtific Fundador de Urb4no.net Editor de la Asociación Mexicana de Baile Deportivo.

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